La pretensión de reducir el comportamiento humano a sus correlatos biológicos en el cerebro, medidos con tomografías axiales computarizadas (TAC) o con tomografías por emisión de positrones (PET) o Imágenes por resonancia magnética (IRM) o cerebrografías de flujo sanguíneo cerebral regional (RCBT) o Tomografías simples por emisión de fotones (SPECT) , o hipotetizados como mezclas, excesos o déficit de serotonina, dopamina, noradrenalina… olvidando los objetivos de los sujetos, sus circunstancias biográficas y contextuales o su propia historia de aprendizaje, es un error tan grande como lo sería explicar la guillotina citando las leyes de la gravitación universal de Newton, sin perjuicio de que las leyes de Newton se prueben con una guillotina en funcionamiento; sin embargo, su función no es demostrar esas leyes. De igual manera, es ingenuo explicar la decepción, la tristeza y la depresión o bien la alegría, el bienestar y el placer que sienten los seguidores de dos equipos que se enfrentan, pongamos por caso, en una final de la copa de Europa, apelando exclusivamente a los niveles de serotonina en el sistema nervioso central, diciendo que las emociones negativas de los perdedores son el resultado de bajos niveles de este neurotransmisor o, por el contrario, defender que la alegría de los ganadores es consecuencia de los altos niveles de serotonina en su sistema nervioso; no es el sistema nervioso (con sus neurotransmisores) quien causa las emociones, sino que las variables ambientales, a veces tan azarosas y contingentes como el resultado de un partido de fútbol, explican mucho mejor los estados de ánimo, aunque se sirvan de los neurotransmisores para hacerlo. No estaremos tristes por escasez de serotonina, sino que escaseará la serotonina porque estamos tristes a consecuencia de una derrota de nuestro equipo." (Castañó y Láez, 2009)
Y eso no es todo. Creo que el marco teórico tiene un problema en gran parte responsable de que la metodología y los resultados que ésta entrega sean infructuosos. El primer problema es que es simplemente una re-edición del localizacionismo, una masterización para este siglo, pero sigue siendo la misma historia. Por otra parte cuando quiere explicar como un sujeto se relaciona con el mundo, y realiza el procesamiento de información, busca en el cerebro los mecanismos, las redes, las vías, etc, que explicarían como este sucede. El problema es que cuando tiene que dar cuenta de esto, se pone a teorizar sobre diversas etapas, de análisis y almacenamiento de datos, y al final se termina diciendo, que el hipocampo es quien "almacena" los recuerdos, los lóbulos frontales son los que están "encargados de cordinar" conductas complejas, etc. Para explicar la conducta compleja de un organismo, apelan a conductas desistemas y células nerviosas de igual complejidad . Honestamente, creo que para explicar un fenómeno se debe buscar procesos más simples. Si no podemos hacer aquello, llegaremos a un punto en que las cosas aparecen mágicamente. En la visión naturalista y materialista monista del mundo, la generación espontanea no es una respuesta satisfactoria. Si fuese así, hace tiempo que la teoría del Big-Bang habría dejado tranquilos a los físicos. Por otra parte, el argumento que es por fines didáctico no me parece del todo valido. El lenguaje científico y las teorías claramente son una simplificación de la naturaleza que permiten un mayor entendimiento y control sobre ella. Pese a eso, existe cierto limite que no hay que rebasar, puesto por ser tan didácticos se puede perder toda relación con la realidad.
Sin embargo, con esto no digo que la neurociencia sea inútil, es realmente importante. Puesto viene a dar cuenta de que es lo que sucede en la "caja negra". Pero desde luego que lo que pasa en ese lugar no debe ser lo más importante para los psicólogos, sociólogos o economistas. Quien estudia la conducta humana debe interesarse por los estímulos y respuestas, sobre los contextos que facilitan ciertas respuestas, sobre aprendizaje y como estados emotivos afectan aquello, las relaciones entre lo sujetos y con el ambiente.
Referencias
Castañó, M y Láez, M. (2009). Psicología y “Neurociencias”: Buscar la llave donde hay luz y no donde se perdió. Prolepsis. 3. 60-70.
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