La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al alcoholismo como un trastorno conductual crónico manifestado por ingestas repetidas de alcohol, excesivas, respecto a las normas dietéticas y sociales de la comunidad y acaban interfiriendo la salud o las funciones económicas y sociales del bebedor (Rosón, 2008). El consumo excesivo de alcohol es una de las causas más frecuentes de transgresiones sociales como violaciones y riñas, práctica de sexo sin medios de protección, abandono familiar y laboral. Se vincula mundialmente con el 50 % de las muertes ocurridas en accidentes de tránsito y el 30 % de los homicidios y arrestos policiales. Reduce de 10 a 15 años la
expectativa de vida y determina el 30 % de las admisiones psiquiátricas y el 8 % de los ingresos por psicosis (García, Lima, Aldana , Casanova y Feliciano, 2004). Por ejemplo, en Chile, hacia 1951, la proporción de ebrios en la comisión de los delitos más odiosos era la siguiente: homicidio 54,7%, parricidio 32,3%, lesiones 54,3% y violación 71,4% (4). Por otra parte, del total de detenciones efectuadas por Carabineros año a año, un 40% correspondía a detenciones por ebriedad. Además, en el 4,6% de los accidentes de tránsito se comprobó esta condición (Horwitz, 1960, citado en Vargas, 2009). Por estos motivos, probablemente pocos fenómenos constituyen un mayor reto a la salud pública que el consumo excesivo de bebidas alcohólicas. Lo cual se debe a los problemas que origina tanto en su bienestar personal , como el de su familia y el resto de la sociedad, además de los enormes costos para los sistemas de salud (Solís, Vélez, y Berumen, 2000)
La unión europea es la región del mundo con mayor consumo de alcohol per cápita. Estos niveles actuales están 2.5 veces por encima de la media del resto del mundo. Se estima que 23 millones de europeos/año tienen dependencia del alcohol. Cada año hasta 7 millones de adultos refieren haberse involucrado en peleas cuando bebían. Diversos estudios muestran que un mayor nivel socioeconómico se relaciona con mayor frecuencia consumo, en particular para las mujeres. Los hombres con más educación tienen menos probabilidades de ser bebedores problema, en contraste con un efecto inverso encontrado en las mujeres. Se ha encontrado consistente evidencia que las personas con menor nivel socioeconómico se abstienen con mayor probabilidad de consumir alcohol. Sin embargo la intoxicación etílica y la dependencia del alcohol son más probables en aquellas personas con menor nivel socioeconómico, y esto ocurre en ambos sexos ( Rosón, 2008).
Los estudios en Latinoamérica muestran también una importante prevalencia. En áreas urbanas de México D.F el abuso de alcohol y alcoholismo se presenta en un 30% de los hombres entre 15 y 45 años de edad (Solís, Vélez, y Berumen, 2000). En Chile por su parte se realizó un estudio en 1989 (Naveillán y Vargas) que da cuenta del crecimiento progresivo de alcoholismo. Específicamente, entre 1952 y 1982, el número de alcohólicos aumento en un 70% debido a que no hubo un esfuerzo sistemático para su prevención, además de otros factores como el aumento de oferta en bebidas alcohólicas, la desorganización social y el incremento de la cesantía. Otro país latinoamericano pero de contexto distinto es Cuba, aunque mostrando un problema similar, se señala de manera coincidente con el caso de Chile que medidas preventivas y sistemáticas son las necesarias para el control del alcoholismo. Disminuir la los puntos de venta de alcohol y promover actividades sociales y de entretenimiento libres de la sustancia, serían claves para disminuir las tazas de esta adicción ( Bolet y Socarrás, 2003)
En cuanto a las características psicológicas asociadas al alcoholismo podemos encontrar que tienen uno de los porcentajes más altos de separación matrimonial y de divorcio. En adolescentes las causas identificadas como detonantes de problemas con el alcohol son los miedos a enfrentar las situaciones estresantes de la vida y conflictos familiares, así como la ingesta estaba fuertemente asociada con la amistad y como una necesidad para poder disfrutar las fiestas y otras reuniones sociales (Cicua, Méndez, Munoz, 2008). Por otra parte, se ha buscado también la presencia de alcoholismo en la tercera edad, encontrándose que las causas principales en ese grupo etáreo son el estrés que experimentan, su falta de recursos sociales y la falta de actividades de recreación, la soledad y perdida de la familia Sin embargo las investigaciones han mostrado que el consumo de alcohol disminuye con la edad, debido a se presenta de manera explicita como un agravante a sus problemas de salud (Solís, Vélez, y Berumen, 2000). Un estudio recientes (Pedrero, Ruiz, Olivar, Rojo, Llanero y Puerta, 2011) muestra que los sujetos alcohólicos presentan déficits motivacionales, de programación de la conducta, toma de decisiones, además de inflexibilidad conductual estructuras de personalidad disfuncionales y trastornos de personalidad; asociado todo lo anterior a sintomatología córtico-frontal.
Referencias.
Naveillán, P. y Vargas, S. (1989). Prevalencia del alcoholismo durante tres décadas en Chile (1952-1982). Rev. Saúde públ. (23)128-135
Rosón, B. (2008). Consumo de riesgo y perjudicial de alcohol. Prevalencia y métodos de detección en la práctica clínica. Galicia Clínica. 69(1): 29-44
Bolet, M. y Socarrás, M. (2003). El alcoholismo, consecuencias y prevención. Rev Cubana Invest Biomed. 22(1) 25-31
Solís, L., Vélez, A. y Berumen, D. (2000). Prevalencia del consumo de bebidas alcohólicas y problemas asociados en personas de la tercera edad que acuden a los servicios de atención primaria de La Ciudad de México. Salud mental. 23(3) 38-45
García. E., Lima, G., Aldana L., Casanova, P. y Feliciano, V. (2004). Alcoholismo y sociedad. Tendencias actuales. Rev Cubana Med Milit. 33(3)
Pedrero, E., Ruiz, J., Olivar, A., Rojo, G., Llanero, M. y Puerta, C. (2011).Diferencias de personalidad entre adictos al alcohol y controles emparejados: relación con sintomatología frontal y subtipos de adictos. Psicothema. 23(1) 100-106
Cicua, D., Méndez, M. y Munoz, L. (2008). Factores en el consumo de alcohol
en adolescentes. Pensamiento Psicológico. 4(11) 115-134
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