sábado, 10 de mayo de 2014

El jorobado de Notre Dame. Una historia terapéutica.


Hay películas (o en este caso, películas basadas en libros) que contienen mensajes tan completos y profundos que me dejan con la duda si fuera la primera intención o solo fue un hermoso accidente. En esta ocasión quiero abordar la película El jorobado de Notre Dame de Disney (1996), que en cuya sencilla trama guarda escenas realmente conmovedoras y llenas de sabiduría.

Para empezar mi argumento principal es que ésta película es una apología a lo rechazado, a lo extraño, a lo anormal, a lo marginal, sale en defensa de las victimas del bullying antes de que el concepto tuviera el reconocimiento social que tiene hoy (aunque no se haga mucho con respecto eso). Un giro de tuerca al panóptico de Foucault, al ojo de Saurom, quien lo observa todo desde arriba no es quien busca la dominación, es quien entre la gente se siente frágil, no merecedor de amor, quien busca las alturas y la noche por protección. Por otra parte, el desarrollo de su personaje principal nos muestra lo esencial de lo que en la actualidad sería un trastorno de personalidad evitativo, y como en una breve película infantil (?) encuentra una fortuita cura.

 La trama se centra en Quasimodo, huérfano de una gitana asesinada por el  juez Frollo, quien se ve obligado a criarlo por temor a la ira de Dios, quien había sido testigo del crimen. Acá ya tenemos un punto importante, el primer abandono, la carencia de una familia. Por otro lado, juez Frollo, pese a sus crímenes y a encerrar al niño en el campanario por vergüenza es el único que aparece como una figura protectora, que pese a su negligente cuidado le advierte que el mundo exterior es cruel y que lo mejor es que no lo conozca. 

Sin embargo, a pesar de esto, Quasimodo disfruta observando desde las alturas la ciudad y fantasea con poder vivir como el resto de la sociedad (interesante como vuelca este deseo en la representación de la ciudad y su población en la construcción de una maqueta). Sin embargo, él tiene miedo, el mundo parece ser un lugar agradable para vivir, pero que lo rechazará en cuanto lo vean, en estos años él a aprendido que él es el único que vive escondido en un campanario, debe ser por algo, pero pese a sus defectos, Frollo lo cuida, Frollo no le ha dicho ninguna mentira, lo mejor es permanecer en el campanario.  Pese a estos temores, sus amigas las gárgolas le convencen de que debe ir al Festival de los Bufones, porque "si solo se queda observando la vida, ésta pasará, y él se quedará atrás". ¡BIEN! ¿Qué mejores psicólogos que las gárgolas? Entonces Quasimodo va, y contrasta con la realidad sus creencias, temeroso aún, observa oculto entre la gente. Aún no hay importantes avances, que ir al festival pero esconderse es casi lo mismo que verlo del campanario. Sin embargo, es descubierto, y ante el asombro de su apariencia intentan retirarle una mascara que no existía.  Preparándose para lo que siempre fue advertido, Quasimodo se lleva una grata sorpresa, la gente celebraba su fealdad, pues en este festival, aquel atributo era el que otorgaba el titulo de rey. Le cantan, lo alzan entre la multitud, lo tocan... lo aceptan. Nada había sido como se lo habían pintado, en su desconcierto , aún no se terminaba de convencer de que era lo que debía sentir. Y cuando ya se permetía sonreir, basta que uno le tire un tomate para que la multitud lo repita y comiencen a reírse de él. "¡No! La pesadilla que evitaba era real, debo escapar" pero cuando lo intenta la sociedad ya lo tenía atado entre cuerdas. La humillación, el maltrato y el abuso público. La gente es demasiada realidad para algunos. Pero no, parece que estábamos equivocados. De pronto aparece Esmeralda, la misma gitana que encantó con su belleza al capitán Febo y a Quasimodo, se sube al escenario y enfrenta a la multitud y a Frollo quien aprobaba como justo el castigo que recibía el jorobado por ser un buena lección, por haber contradecido sus ordenes de no salir del campanario. Y acá quiero volver a detenerme y destacar otro punto. La belleza de Esmeralda nos puede nublar la verdadera razón de porqué la rápida devoción que sintió por ella Quasimodo, porque Esmeralda no era tan solo hermosa, también era gitana. también era marginal, también huía y conocía el rechazo. Porque Esmeralda no era tan solo gitana, sino que también protegió a  Quasimodo cuando nadie lo hacía, y en público, sin vergüenza que alguien la viera proteger a lo "defectuoso". Cuando Quasimodo se sentía morir entre las cuerdas y risas, y en un mundo que no valía la pena conocer ni ser vivido, Esmeralda no solo lo salvo de la muerte, sino que también salvo su vida, le dio una razón para vivir, para ilusionarse (¿no es después de todo eso el amor?)

Posteriormente comienza la competencia entre Febo (otro príncipe clásico Disney) y Quasimodo. El capitán valeroso, enfrenta a Frollo en sus tratos injustos con la población en la locura por atrapar a los paganos gitanos. Febo herido por unas flechas es rescatado por Esmeralda y llevado donde Quasimodo para que lo cuide. Esmeralda y Febo se besan. Dolor, tragedia ... las creencias se vuelven a confirmar, Frollo tenía razón nuevamente, cuando uno confía y se aproxima a la gente, esta te hace sufrir. Pero esto solo le pasa a Quasimodo, él es el defectuoso, él no merece ser amado. 

Guapa. Erotizando niños desde 1996
Luego, Esmeralda vuelve a encontrarse en peligro, Febo y Quasimodo deben unirse pesé a sus diferencias amorosas para rescatarla. Comienza la batalla final de la película. París en llamas (¿otra vez?). Quasimodo luchando contra Frollo (la fuente de sus miedos, la superstición, el prejuicio) por la princesa, su amor no correspondido. Luchando en el campanario, Frollo cae a las llamas (castigo divino) y Quasimodo colgando de una mano y sujetado a duras penas por la pequeña mano de Esmeralda se siente como siempre se sintió en su vida, pendiendo de una pequeña esperanza de ser amado, sosteniéndolo de hundirse en un infierno que lo llama y le pertenece. Esmeralda no puede más, lo suelta, Quasimodo cae, entregado... pero... alguien lo toma, era Febo, su rival. El mundo no es tan cruel, nos pueden cuidar hasta quienes compiten con nosotros por un amor. Acá me parece que el hechizo se rompe, la conciencia aparece, Quasimodo no amaba tanto a Esmeralda como a la oportunidad de ser amado desinteresadamente. Toma las manos de Febo y Esmeralda, y es feliz viéndolos juntos. Claro, lo comprendió. No debo ser un nuevo Frollo: que mi manera desgraciada de ver las cosas no me haga convertir en un infierno el mundo de los demás. Febo y Esmeralda salen de la catedral por la puerta principal ( ya no a escondidas) en un día soleado (ya no oculto) e invitan a Quasimodo a salir, la gente lo observa impresionado, una niña (la inocencia, quien no tiene prejuicios, la sabiduría) se acerca y toma el rostro de Quasimodo. La aceptación. La gente grita, lo aclama. Quasimodo suelta una lágrima (yo también).

Mira Quasimodo, ellos tienen más miedo que tú.


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