El tema de alimentación me llama mucho la atención. Y he venido hablando de este en post anteriores (Una vida con más años, unos años con más vida, Comer bien para pensar mejor) Claro que como estudiante de psicología, saber cual es la dieta ideal y que alimento tiene que nutriente no es una de mis mayores pasiones. El tema de la comida me apasiona por la constelación de comportamientos que observamos en torno a ella. No deja de sorprenderme como la gente corre a comprar comida cuando esta en oferta, una cadena de comida rápida avisa que solo por hoy llevas 2 hot-dogs por el precio de uno, y las multitudes corren alborotadas a consumir, y comer en enormes cantidades como si no lo hicieran hace días. A muchos de ellos podrás oírlos explicar que lo hacen porque no todos los días hay promociones así, es una oportunidad que no debe desperdiciarse. No hay que perder la oportunidad de comer barato por menos gasto, como si el día de mañana el hambre asechara como un fantasma ancestral que nos acompaña desde nuestro pasado cazador-recolector.
A diferencia de los carnívoros, nosotros los humanos y demás omnívoros no estamos empujados al consumo de carne, como leones o águilas. Pese a eso, podemos reconocer la emoción que nos genera y como acompaña la mayor parte de nuestras celebraciones, y en general su abundancia se asocia con riqueza, con prosperidad general. Y cuando tenemos mucha hambre lo primero que a la mayoría se nos viene a la mente, es una buena hamburguesa o un filete acompañado de papas fritas, y no una lechuga.
La carne nos otorga una gran suma de nutrientes, proteínas, vitaminas A y E, el complejo vitamínico B12 y minerales. Y lo que es más importante una fuente de grasa que sería mucho más difícil de obtener de vegetales, de lo contrario tendríamos que estar varías horas del día forrajeando y rumiando, lo cual nos dejaría mucho menos tiempo para tener otro tipos de actividades.
En una persona hambrienta la primera prioridad es convertir cualquier alimento en energía, de este modo si se consumen carnes magras (bajas en grasas) las proteínas serán utilizadas para dicho proceso en vez de usarse para desarrollo muscular o regulación orgánica. De ahí que sea común, de manera transcultural, acompañar en las comidas las porciones de carne con alimentos calóricos, como papas. El antropologo Keneth Good, cuenta, por ejemplo, como los Yanomamis se niegan a comer carne si no es acompañada de plátanos, aunque si están dispuestos a comer plátanos sin carne. Por este motivo las carnes ricas en grasas (como tambien la leche natural) son un alimento rico en proteínas que están de cierto modo protegidas para su uso como desarrollo muscular y no consumo energético (Harris, 1995).
Pese a los cánones esteticos que nos bombardean diariamente, el menosprecio a la gente gorda, y los programas de salud que intentar poner freno a los problemas de sobrepeso la gente sigue comiendo demás (Harris, 1995). Quizás esta vez la biología venció a la cultura, y es muy difícil resistirse a un helado o una hamburguesa con queso.
Pero... ¿comer más implica engordar? ¿Por qué engordamos? ¿Por que no simplemente eliminamos el exceso de alimento en vez de acumularlo en nuestro organismo? Bueno, Harris (1995) explica que el motivo de esto es que nuestro organismo funciona ¡demasiado bien! y almacena la grasa para periodos de escasez. Antiguamente, era común en la historia de los pueblos los periodos de sequía dificultaba el crecimiento de vegetales o periodos de inundaciones que dificultaban mucho la pesca. Las calorías que se ingerían en dichos periodos disminuían notablemente con los periodos de abundancia. Pero así como aparecen en los mitos de varías culturas, a la noche le sigue el día, a la oscuridad la luz y a la muerte la vida. El clima volvía su rostro amable y permitía que los humanos volvieran a disfrutar de festines. La evolución moldeo un organismo preparado para aprovechar cuando había disponibilidad de alimento y guardar recursos nutritivos para cuando escaseaba.
En palabras de Skinner: "la sal y el azúcar son cosas necesarias, y los individuos que tuvieron una probabilidad especial de encontrarse reforzados por ellas han aprendido y recordado más efectivamente dónde y cómo obtenerlas, y, por tanto, han tenido mayor probabilidad de sobrevivir y transmitir esta sensibilidad a la especie." Una explicación para esta necesidad proviene de que la glucosa y el cloruro de sodio son recursos necesarios para que nuestro sistema nervioso funcione correctamente y nuestro sistema en general. Pero claro está que no en las necesidades excesivas en las que hoy las consumimos. A muchas personas se les dice que deben reducir el consumo de sodio por su propio bien, pero tienen problemas para hacerlo, les gusta su sabor y los alimentos sin sal les parecen incomibles (Fuente). Y se ha llegado a hablar de la comida chatarra presenta propiedades de una droga por su nivel adictivo (fuente). Mi hipótesis personal es que a falta de un mecanismo que señalice de manera consciente o no a nuestro cerebro, cuando hemos consumido lo necesario y que a su vez prediga que es lo suficiente hasta la próxima comida. De este modo los individuos que comían más de lo necesario y alcanzaba ese estado limite de capacidad estomacal (atiborrados) y se veían reforzados por dicha conducta, tenían más posibilidades de sobrevivir que quienes la sensación de estar atiborrado de comida no era reforzante o era displacentera.
Como conclusión, podemos decir que son claros los factores determinantes en nuestro gusto por la comida y en exceso. De que nuestro sistema nervioso tiene mecanismos especializados que hacen reforzante su consumo. Por otra parte esto no debe ser una justificación para el consumo desenfrenado de alimentos como un llamado a nuestra naturaleza ancestral sino que como diría Skinner en Más allá de la libertad y la dignidad, el hombre ha hecho al hombre, puesto el ha modificado el ambiente, así como este lo determina, de este modo si queremos tener una sociedad más sana, parte por nosotros mismos realizar los cambios que sean necesarios.
Referencias.
Harris, M. (1995). Nuestra especie. Alianza editorial.
Skinner, B. (1994) Sobre el conductismo. España: editorial planeta.
Referencias.
Harris, M. (1995). Nuestra especie. Alianza editorial.
Skinner, B. (1994) Sobre el conductismo. España: editorial planeta.
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