lunes, 3 de octubre de 2011

El esfuerzo de llegar a un consenso.

"Hay pocas cosas más conmovedoras que los intentos que los humanos hacemos para encontrar consensos, no obstantes que sabemos o intuimos que la búsqueda es en el mejor de los casos, difícil, o directamente imposible. No importa. De todos modos lo intentamos aunque solo sea para que quede constancia del esfuerzo." Tito Ureta. 2007

"La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad." 
Francias Bacon.




Como bien dice Tito Ureta (2007), el público en general cree que la ciencia es autoritaria, exacta y definitiva, mientras los científicos entienden perfectamente que sus conclusiones son aproximadas y abiertas a la critica. Como la ciencia aparece como compleja de entender la gente la percibe como una conclusión definitiva. Por está razón una persona entre dos opciones, preferirá creer en una autoridad que le prometa la salvación y un lugar especial en la creación, que una "autoridad" científica que solo se dedica a observar objetivamente el mundo y no promete ninguna esperanza infundada. 

Ahora, una solución que aparece aquí es la divulgación científica, enseñar esa complejidad de un modo más simple para que la gente se de cuenta que hay mucho por hacer y descubrir, que no existen verdades con mayúscula y que se puede participar en la gran empresa por el conocimiento. Sin embargo, muchas veces debido a la educación que recibe una persona desde temprana infancia, un adoctrinamiento feroz sumado a los vacíos que dejan las escuelas, terminan constituyendo personas que se niegan a escuchar cualquier tipo de información que contradiga sus creencias, en la mayoría de los casos reforzando aún más su fe. 


 De acuerdo con Beck, las creencias son estructuras cognitivas que se desarrollan a partir de experiencias tempranas del individuo así como de factores ambientales, culturales y biológicos. Las creencias pueden entenderse como un marco de referencia o conjunto de reglas que determinan nuestra forma de ser en el mundo, el modo en que evaluamos las situaciones, a los otros y a nosotros mismos y la forma en que interactuamos con los demás (Beck, 1976, citado en  Calvete y Cardeñoso, 2001). Las asunciones y creencias  frecuentemente están compartidas con la familia o reforzadas culturalmente, manteniendo estereotipos de sexo o culturales que hacen difícil para la persona identificarlas y modificarlas (Fennell, 1989; Seoane, 1993, citados en Calvete y Cardeñoso, 2001).

Como afirmara Leon Festinger (1975), las personas tienen a buscar consistencia o congruencia entre sus conductas, conocimientos, creencias y valores. Y reaccionan para restablecer ese equilibrio cuando una de las variables mencionadas anteriormente lo rompe y no concuerda con las demás, adecuándola para mantener la "armonía interna". Por este motivo, se hace fácil pensar  el porqué las personas preferirían la sencillez y fuerte coherencia interna que ofrece la religión versus  una ciencia que aparece complicada y confusa, donde los científicos nunca están de acuerdo, y a cada cierto tiempo aparece una nueva investigación que contradice todo lo sabido hasta entonces. Lo que me recuerda mucho a un comentario que leí otro día en Facebook, en un enlace a la noticia de que habían encontrado algo más rápido que la luz y que se titulaba algo así como: ¡Einstein estaba equivocado! El comentario decía aproximadamente así: "Con estos científicos, se entiende que el mundo este como esté " Y otros tantos más, enormemente indignados por la "negligencia" científica de habernos hecho creer algo que no era cierto. 

Dada las condiciones anteriores tanto ciencia como religión se han mantenido en sus trincheras, reconociendo lo peligroso que puede ser para ellas el enfrentamiento entre una y otra, como la historia nos ha mostrado. La ciencia por un lado atareada investigando un mundo natural, preocupada por el análisis y objetivo, y poder sobreponerse a  las nuestras limitaciones biológicas con la tecnología, solucionando un sin fín de problemas y volviendo más cómoda la vida de las personas, pero olvidándose totalmente de los temas morales ni entregando respuestas o directrices sobre como vivir, algo que mucha gente parece buscar, que las religiones, un sin fin de místicos y pseudo-ciencias se ofrecen a entregar con gusto. Miles de personas buscando en algún lugar una autoridad que le diga que todo va a estar bien, que solo hace falta creer. Una promesa que parece a los científicos no les interesa ofrecer.

 Hay algo que hace un tiempo considero parte mis hobbys, las cadenas de comentarios. A menudo me dedico a leer más aquello que los posts que comentan. Observar como se repiten lógicas argumentativas (o  en la mayoría de los casos superposiciones de falacias) independiente de la temática que se ponga en cuestión. Un dialogo interesante que encontré fue el siguiente, el cual se generó en un post titulado "La segunda venida de cristo: el gran engaño" , en el blog: Religiones al descubierto. Extraje el siguiente dialogo precisamente porque nos muestra varias cosas interesantes. El animo de explicar de manera sencilla y la esperanza de llegar a consenso por parte de la persona con conocimiento científico (Jack) y el desconocimiento científico por parte del creyente (Georgina) quien se niega a reflexionar ante los argumentos que se le expusieron y finalmente acaba reafirmando aún más sus creencias. De todos modo, ella parece bastante más cortés que la mayoría de los creyentes que simplemente se dedican a decir que todo quien no crea en sus dios, es porque esta  ciego y  se irá al infierno. 


Georgina Murot dijo...
14 de noviembre de 2010 16:57
Sr. Jack: A ver, tal vez me logre convencer. Digamos que el ser humano se hizo por obra de la casualidad, luego de billones de anos de evolucion de materia. Mi pregunta es: El primer ser humano, (porque tiene que haber habido el primero, no?, o acaso salieron por docenas?) aparecio adulto o bebe? 
Jack Astron dijo...
15 de noviembre de 2010 13:31
Georgina
No hubo un "primer ser humano". Esa idea proviene de un libro muy antiguo escrito por gente que ignoraba que evolucionamos a partir de animales, y que fuimos cambiando gradualmente de homínidos a humanos.

La gente que escribió la Biblia no tenía idea de la evolución de las especies (se descubrió hace menos de 2 siglos) ni del ADN (se descubrió a mediados del siglo pasado).

Sugiero revises esta página para empezar:
http://es.wikipedia.org/wiki/Evolución_humana 
Georgina Murot dijo...
15 de noviembre de 2010 14:18
OYE, Jack, pero si evolucionamos a partir de animales, ponte a pensar: por que ya nosotros los actuales humanos, no hemos evolucionado en otra cosa? Ya podriamos estar evolucionando y llegar a convertirnos en otra cosa, no? Si esa teoria fuera cierta, pues el ser humano tambien evolucionaria y de nosotros saldrian otras especies u otro tipo de seres diferentes a lo que somos ahora, es cosa de sentido comun.

De verdad hay que tener FE para creer algo semejante. Creo que ustedes tienen mas fe que nosotros los cristianos. Llegar a pensar que todo esto salio por casualidad? Por "casualidad" se juntaron tales o cuales elementos hasta producir un ser Humano! Y yo digo, por que entonces los animales actuales no se estan transformando en otros diferentes? Que yo sepa se extinguen, pero no se transforman en otros animales diferentes.
Que pueden decir a esto? 
Jack Astron dijo...
15 de noviembre de 2010 15:18
Georgina
Tus preguntas se responden fácilmente. La evolución de las especies es un proceso lento, que toma millones de años. No puedes verlo en el plazo de una vida humana, excepto en seres que se reproducen rápido, tales como insectos y bacterias. Pero puedes analizar fósiles y el ADN de los seres vivos, y observar el parentesco.
También existe evidencia en seres vivos. Por ejemplo, hay serpientes que desarrollan patas atrofiadas. ¿Por qué? Porque evolucionaron a partir de lagartos que se introducían en cuevas a cazar pequeños mamíferos, y las patas eran un estorbo. Patas más cortas implicaban mayor posibilidad de encontrar comida y de dejar descendencia.
Y claro que los animales y nosotros estamos evolucionando ahora, pero es tan lento el proceso, que no lo vemos. Si te das una vueltita en 1 millón de años más, y no nos hemos extinguido, quizás te encuentres con humanos distintos a nosotros, con un cerebro más grande, y todos ateos (es una broma :-)
Los humanos no aparecimos por mera casualidad. La evolución no es sólo mutación aleatoria; también implica selección natural, es decir, la sobrevivencia del mejor adaptado. En nuestro caso un cerebro superior nos brindó la capacidad de sobreponernos al frío, al hambre y a los depredadores.
Veo que ignoras mucho acerca del tema, y yo no tengo tiempo para enseñarte. Pero hay muchísima información en libros y en Internet. Espero te sirva.
Que estés bien.
Saludos a guerreropirata. 
Georgina Murot dijo...
15 de noviembre de 2010 15:46
Si, ignoro bastante sobre sus teorias y no me interesa leer sobre ellas puesto que se muy bien en Quien yo creo y no en Que ustedes creen.
Espero estar dentro de 1 millon de años viviendo junto a mi Senor Jesus en la tierra nueva y el cielo nuevo que nos esperan, a los que obtengamos el regalo de la Vida ETERNA que ofrece Dios a los que lo aceptan y creen en EL. Tengo esa firme e inamovible esperanza. Se por que estoy en este planeta, se de donde vengo y lo mas importante, se para donde voy.

Buena suerte les deseo!

PD: Este tipo de dialogos me recuerda mucho a las asambleas universitarias, actualmente en el marco del movimiento estudiantil 2011. Discusiones que se alargan infinitamente, donde las opiniones surgen una tras otra  sin encontrar algún consenso, terminando simplemente en votaciones. Asambleas poco concurridas, donde muchos quizás prefieran no ir, sabiendo lo infructuoso que son, e intentar convencer a un grupo de personas con creencias similares y fuertemente arraigadas. Si te interesa este tema, recomiendo este post: Los grupos no siempre toman buenas decisiones, que de paso nos recuerda los peligrosos efectos de la influencia social.




Referencias.

  • Calvete,E. y Cardeños, O. (2001).Creencias, Resolución de Problemas Sociales y Correlatos Psicológicos. Psicothema. Vol. 13, nº 1, pp. 95-10
  • Festinger, L. (1975) Teoría de la disonancia cognoscitiva. Madrid: Instituto de Asuntos Políticos   
  • Ureta, T. (2007) Fragmentos de un manual para perplejos del siglo 21. Santiago: LOM ediciones. 

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