El martes de la semana pasada fui al Zoológico metropolitano de Santiago, en el contexto del curso de Etología en primates que
tomé este semestre con el profesor Marcial Beltrami. Una de las
particularidades del curso es que somos solo 7 alumnos (en comparación con
cursos de psicoanálisis que tienen alrededor de 35 estudiantes) y a la visita
del zoológico solo asistimos 4 , ya que las otras 3 compañeras son estudiantes
de antropología y tenían otra actividad en terreno por lo cual no pudieron
asistir. El otro detalle divertido/triste/irónico, es que mis demás compañeros
de Psicología suelen impresionarse bastante cuando uno les cuenta que ha tomado
este curso, con una expresión fácil de extrañeza intriga/chiste nos preguntan
porque tomamos ese ramo, y..
¿Qué tienen que ver los primates con la psicología? Yo
me lo tomó con humor/indignación, me lamento que nadie le de importancia al
estudio comparativo de especies para entender el comportamiento humano,
pareciera ser que la noción de que un abismo enorme separa al ser humano de las
otras especies aún sigue muy arraigada a la gente. Lo entretenido es que está
concepción convive de lo mejor con el creciente movimiento pro-animal, y apuesto
toda mi mano de cartas a que si ven que un perro esta siendo maltratado llorarían y gritarían por su vida, y que cuando llegan a su casa le hablan a su gato.
Pero a la hora de ser humildes y aceptar que compartimos muchas cualidades
"mentales" con otros animales, solo se escucha silencio. Al parecer,
la solidaridad actual con lo animales se sustenta en una ética bastante
paternalista, en la que los humanos como seres superiores tenemos el deber
moral de ayudar y velar por salud y
bienestar de nuestros hermanos menores. Esto que acabo de enunciar es un
discurso bastante común.
En cuanto a la visita al zoológico tuvimos bastante
suerte, ya que hace unos días habían nacido crías de monos de oreja de algodón y suricatos, las cuales ambas pudimos ver y enternecernos ante pequeñas y frágiles criaturas. Por otra parte, pudimos observar a los monos arañas los
cuales por su comportamiento (analogando al ser humano) no pude evitar pensar
en lo aburrido que estaban. También vi a la pareja de chimpancés los cuales a
diferencia de muchos otros animales no sentía pena en su mirada, sino odio
(percepciones que tiene uno, después de todo no soy un robot). Seguimos recorriendo el zoológico y llevando
registro de los comportamientos que pudimos observar en diversas especies de
primates. Luego con mi novia/compañera seguimos recorriendo el zoológico para
ver como estaban las demás especies, siempre prestando mucha atención a sus
condiciones de bienestar. En general, en la mayoría se veía un comportamiento
bastante natural, especialmente en la aves, con excepción de un guacamayo que le
faltaban varias plumas, probablemente arrancadas por el mismo, y las águilas y cóndor que no podían volar como la harían en vida silvestre. La jirafas en
relación a su tamaño parecían no tener el espacio suficiente, sin embargo no
mostraban signos de malestar, alguna conducta extraña o daños en su cuerpo. Por
otra parte, pudimos ver como varios de los animales que tenía el zoológico eran
parte de proyectos de recuperación de especies en peligro, como en el caso del
sapito de Darwín, o los flamencos, los cuales a cada cierto tiempo los van a
liberar al desierto de Atacama. También vimos un mono capuchino adolescente que
lo tenían en solitario. Lo tenían en un lugar especial donde lo estaban
cuidando el personal del zoológico ya que su madre no le había entregado los
cuidados correspondientes y estaba en peligro su vida.
Según Dawkins (1980) existen dos tipos de errores que
comenten las personas al interpretar estados subjetivos animales. El primero:
"Lo que es bueno o malo para nosotros no tiene por qué ser, ni lo es, para
el resto de los animales. Deducir que un animal tiene frío a 0° porque nosotros
lo tenemos a esa temperatura, o que sufre enjaulado porque nosotros lo haríamos
en esa situación, puede llegar a ser tan burdo como suponer que un pez debería
ahogarse en el agua. Este criterio, sin embargo, está tan extendido que, no en
vano, los fabricantes de comidas para perros se encargan de que esos productos
lleven aromas agradables al olfato humano".
El segundo error va en la dirección opuesta y consiste
en: "pensar que los animales son tan distintos al ser humano que no es
posible establecer analogías de ningún tipo. Como hemos visto, existen
evidencias fisiológicas, anatómicas, comportamentales y evolutivas que
establecen una similitud entre el hombre y otros seres vivos: al igual que
nosotros, muchos de ellos muestran signos de dolor, miedo y comportamientos de
escape ante estímulos dolorosos o situaciones de peligro. El dolor, el miedo y
otras formas de sufrimiento no ocurren por azar o por un capricho masoquista de
la naturaleza, sino que han sido producidas por la selección natural como
mecanismos adaptativos, para evitar heridas y escapar al peligro, que suponen
una ventaja evolutiva tanto para el hombre como para otros animales. La
percepción de dolor y sufrimiento está asociada al sistema nervioso y los
componentes de este sistema son también muy parecidos en muchos animales,
incluido el hombre, lo que, al menos, posibilita la idea de que las sensaciones
o experiencias mentales relacionadas con el dolor sean también similares."
La cita de Dawkins (1980) y las reflexiones asociadas colocadas entre comillas las saqué del capitulo 19 del texto Etología de Juan Carranza que pueden encontrar aquí.
La cita de Dawkins (1980) y las reflexiones asociadas colocadas entre comillas las saqué del capitulo 19 del texto Etología de Juan Carranza que pueden encontrar aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario