domingo, 14 de octubre de 2012

Bienestar animal y ética paternalista


El martes de la semana pasada fui al Zoológico metropolitano de Santiago, en el contexto del curso de Etología en primates que tomé este semestre con el profesor Marcial Beltrami. Una de las particularidades del curso es que somos solo 7 alumnos (en comparación con cursos de psicoanálisis que tienen alrededor de 35 estudiantes) y a la visita del zoológico solo asistimos 4 , ya que las otras 3 compañeras son estudiantes de antropología y tenían otra actividad en terreno por lo cual no pudieron asistir. El otro detalle divertido/triste/irónico, es que mis demás compañeros de Psicología suelen impresionarse bastante cuando uno les cuenta que ha tomado este curso, con una expresión fácil de extrañeza intriga/chiste nos preguntan porque tomamos ese ramo, y..
¿Qué tienen que ver los primates con la psicología? Yo me lo tomó con humor/indignación, me lamento que nadie le de importancia al estudio comparativo de especies para entender el comportamiento humano, pareciera ser que la noción de que un abismo enorme separa al ser humano de las otras especies aún sigue muy arraigada a la gente. Lo entretenido es que está concepción convive de lo mejor con el creciente movimiento pro-animal, y apuesto toda mi mano de cartas a que si ven que un perro esta siendo maltratado llorarían y gritarían por su vida, y que cuando llegan a su casa le hablan a su gato. Pero a la hora de ser humildes y aceptar que compartimos muchas cualidades "mentales" con otros animales, solo se escucha silencio. Al parecer, la solidaridad actual con lo animales se sustenta en una ética bastante paternalista, en la que los humanos como seres superiores tenemos el deber moral de ayudar y velar por  salud y bienestar de nuestros hermanos menores. Esto que acabo de enunciar es un discurso bastante común.

En cuanto a la visita al zoológico  tuvimos bastante suerte, ya que hace unos días habían nacido crías de monos de oreja de algodón y suricatos, las cuales ambas pudimos ver y enternecernos ante pequeñas y frágiles criaturas. Por otra parte, pudimos observar a los monos arañas los cuales por su comportamiento (analogando al ser humano) no pude evitar pensar en lo aburrido que estaban. También vi a la pareja de chimpancés  los cuales a diferencia de muchos otros animales no sentía pena en su mirada, sino odio (percepciones que tiene uno, después de todo no soy un robot).  Seguimos recorriendo el zoológico y llevando registro de los comportamientos que pudimos observar en diversas especies de primates. Luego con mi novia/compañera seguimos recorriendo el zoológico para ver como estaban las demás especies, siempre prestando mucha atención a sus condiciones de bienestar. En general, en la mayoría se veía un comportamiento bastante natural, especialmente en la aves, con excepción de un guacamayo que le faltaban varias plumas, probablemente arrancadas por el mismo, y las águilas y cóndor que no podían volar como la harían en vida silvestre. La jirafas en relación a su tamaño parecían no tener el espacio suficiente, sin embargo no mostraban signos de malestar, alguna conducta extraña o daños en su cuerpo. Por otra parte, pudimos ver como varios de los animales que tenía el zoológico eran parte de proyectos de recuperación de especies en peligro, como en el caso del sapito de Darwín, o los flamencos, los cuales a cada cierto tiempo los van a liberar al desierto de Atacama. También vimos un mono capuchino adolescente que lo tenían en solitario. Lo tenían en un lugar especial donde lo estaban cuidando el personal del zoológico ya que su madre no le había entregado los cuidados correspondientes y estaba en peligro su vida.

Según Dawkins (1980) existen dos tipos de errores que comenten las personas al interpretar estados subjetivos animales. El primero: "Lo que es bueno o malo para nosotros no tiene por qué ser, ni lo es, para el resto de los animales. Deducir que un animal tiene frío a 0° porque nosotros lo tenemos a esa temperatura, o que sufre enjaulado porque nosotros lo haríamos en esa situación, puede llegar a ser tan burdo como suponer que un pez debería ahogarse en el agua. Este criterio, sin embargo, está tan extendido que, no en vano, los fabricantes de comidas para perros se encargan de que esos productos lleven aromas agradables al olfato humano".

El segundo error va en la dirección opuesta y consiste en: "pensar que los animales son tan distintos al ser humano que no es posible establecer analogías de ningún tipo. Como hemos visto, existen evidencias fisiológicas, anatómicas, comportamentales y evolutivas que establecen una similitud entre el hombre y otros seres vivos: al igual que nosotros, muchos de ellos muestran signos de dolor, miedo y comportamientos de escape ante estímulos dolorosos o situaciones de peligro. El dolor, el miedo y otras formas de sufrimiento no ocurren por azar o por un capricho masoquista de la naturaleza, sino que han sido producidas por la selección natural como mecanismos adaptativos, para evitar heridas y escapar al peligro, que suponen una ventaja evolutiva tanto para el hombre como para otros animales. La percepción de dolor y sufrimiento está asociada al sistema nervioso y los componentes de este sistema son también muy parecidos en muchos animales, incluido el hombre, lo que, al menos, posibilita la idea de que las sensaciones o experiencias mentales relacionadas con el dolor sean también similares."

La cita de Dawkins (1980) y las reflexiones asociadas colocadas entre comillas las saqué del capitulo 19 del texto Etología de Juan Carranza que pueden encontrar aquí

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