jueves, 22 de septiembre de 2011

Comer bien, para pensar mejor.

"Hagamos memoria de los hábitos de los universitarios. Puedo imaginar a varios llegar sin tomar desayuno, habiendo dormido poco la noche anterior. Con sueño deben intentar soportar mantenerse despiertos en una clase poco motivadora, que lo será aún menos en su estado actual. Con una baja de capacidad de atención, debido a omitir el desayuno y el sueño, entenderá menos la clase, y cuando algo no se entiende, más tedioso se vuelve. La hora transcurre entonces pensando en lo bueno que sería haberse quedado en la cama durmiendo o viendo televisión y cuanto falta para ir a comer. Llegó el recreo (o break, para sonar más cool), vamos por algo de comida, mientras vamos comentando lo aburrida que estuvo la clase. Nos fumamos unos cigarros, nos tomamos un café o una bebida cola, nos comemos una sopaipilla, y  compramos unos chocolates para comerlos durante la próxima hora de clase. "

Hemos oído bastante de la importancia de hacer dieta y ejercicio, para verse bien y muchos comienzan con ellas a medida que se acerca el verano. Sin embargo no siempre se destaca la importancia de los alimentos en el desarrollo de nuestro cerebro y su salud. Y como bien sabemos, es el cerebro el responsable de nuestra actividad "mental", y su estado será  un factor determinante en el rendimiento de diversos procesos cognitivos. 

Lo importante para saber qué tipo de "combustible" es el que necesita nuestro cerebro para que funcione de manera óptima. Es entender cuándo se desarrolló en nuestra especie, y se configuró como el órgano que tenemos actualmente. Hace 660 mil años,  aparece el Homo sapiens neardenthalensis. Quien comienza a tener dominio del fuego. Gracias a este gran avance cultural, se puede calentar la carne, lo cual permite disminuir considerablemente el tiempo que se tarda en masticar y digerir (sobre esto aquí). Hace 200 mil años aparece el Homo sapiens sapiens el cual basaría su dieta en los alimentos obtenidos a través de la caza y recolección. En estos tiempos podríamos considerar que la selección natural intervenía de manera feroz en la población humana, en contraste con los tiempos actuales, donde la medicina casi la ha neutralizado completamente, y "gracias" a esa misma ferocidad es que se pudo conformar nuestra especie, se estableció nuestra biología y se configuró nuestro cerebro. Este órgano, por lo tanto, funciona en base a la dieta (o para ser más precisos, las proporciones de nutrientes) que en ese entonces ingeríamos, el 65% de las calorías pertenecían a frutas, verduras, frutos secos, legumbres y miel, mientras el otro 35% a carnes magras de caza, aves silvestres, huevos, pescados y mariscos. Esto es lo que postula el doctor Boyd Eaton, especialista en nutrición evolutiva (Carper, 2001). Explica que nuestra dieta actual dista mucho de la edad de piedra, de hecho nos alimentamos de manera inversa, por ejemplo, los estadounidenses tienen una dieta en que el 55 % de las calorías provienen de grasas refinadas, cereales, granos, lácteosazúcar, edulcorantes y alcohol. Un 28% de carnes grasas, huevos y mariscos y solo un 17% de frutas y verduras. 

La evolución cultural sucede a una velocidad mucho mayor que la biológica. Tengamos en cuenta las siguientes fechas. Hace 65 millones de años con la extinción de los dinosaurios comienza la era Cenozoica, la cual vendría dar paso a que los mamíferos y aves empiezan a poblar en masa la tierra. De ese momento tendrían que pasar alrededor de 62 millones de años para que apareciera el  Australopiteco, quien empieza a utilizar herramientas  rudimentarias fabricadas con piedras, las cuales probablemente le servían para romper huesos y extraer las médulas para alimentarse, así como también defenderse de depredadores. Mientras que el comienzo de la agricultura y el primer Mcdonalds solo estarían separados por un corto intervalo de 18 mil años. 

En pocas palabras estuvimos aproximadamente 180 mil años alimentándonos de la caza (mayormente pesca y aves) y recolección, luego unos 18 mil años de la agricultura y la ganadería, y unos despreciables 60 años engullendo comida rápida.  Los números hablan casi por si solos. Y a menos que  creamos que nuestra evolución biológica trabaja bajos los principios Lamarckianos, no hay por donde creer que nuestro cerebro y nuestro cuerpo general se halla podido adaptar a nuestra corrosiva dieta actual, rica en grasas saturadas, azucares, sal, gaseosas, alcohol y nicotina.

A pesar de lo perjudicial de nuestra dieta actual, nadie podría negar de lo adictiva que puede llegar a ser, pues bien sabemos de las propiedades adictivas del alcohol y la nicotina. Y de lo placentero que pueden llegar a ser una plato de papas fritas, hamburguesas o un helado. Nuestro cerebro esta compuesto por un 60% en grasa, y el sodio es un elemento esencial en las sinapsis. Por lo tanto no podemos negar que sean necesarios. Muy probablemente, para nuestros ancestros recolectores-cazadores, conseguir comida rica en grasa y sodio no era muy fácil. No tenían Mcdonalds cerca y tenían que perseguir por días y varios kilómetros a los animales que pretendían cazar. Para que tan fatigosamente empresa pudiera ser tomada por nuestros antepasados, debieron haberse seleccionado mecanismos neuronales por los cuales al comer esta comida se sintieran placer, y reforzara su conducta de caza y lo volvieran hacer en otra oportunidad pese a los peligros  y desgaste de dicha actividad. Es lo mismo que el sexo, el orgasmo masculino (Aún hay muchas dudas con respecto al femenino) es placentero, para que de algún modo se justifique el desgaste energético que significa competir con otros machos para poder aparearse y estos quieran volver a hacerlo una y otra vez, con el mayor número de hembras posibles, de no ser así, pocas esperanzas tendría una especie de sobrevivir, a menos que las hembras variasen a una hermafroditismo.
En resumen, si quieren cuidar su cerebro, y poder tenerlo en todo su potencial, mejorando sus posibilidades de aprendizaje, memoria y rendimiento cognitivo, lo mejor es alimentarse bien. Y de paso tendrán un buen cuerpo que mostrar este verano. Pues ya saben que la inteligencia es un factor importante a la hora de las conquistas.


Referencia: Carpet, J. 2001. Máximo rendimiento. Urano.

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