En términos individuales, podemos darnos la licencia de categorizar al estrés como bueno o malo, más no así cuando queremos explicarlo y entenderlo de una manera científica, porque ciertamente nuestro cuerpo lo genera gracias a toda una larga historia evolutiva, donde individuos que reaccionaban con estrés ante las situaciones de peligro tenían más probabilidades de sobrevivir y tener descendencia. El estrés prepara nuestro cuerpo ante estimulos aversivos, que ponen en peligro nuestra salud o vida, nos prepara para la lucha o el escape. Incluso un evento como tocar accidentalmente una placa caliente y retirar inmediatamente la mano involucra,un complejo patrón de secreciones hormonales que inician en el hipotálamo, siguen a la glándula pituitaria y llegan a la glándula adrenal que secreta cortisol al torrente sanguíneo. El cortisol alcanza al tejido quemado teniendo efectos anti-inflamatorios y al músculo e hígado incrementando la producción de glucosa; también llega al cerebro y a la pituitaria
inhibiendo el circuito, permitiendo así regresar a la situación de equilibrio (homeostasis). Esta cascada de reacciones se presenta en múltiples situaciones ahora reconocidas con el nombre genérico de estrés, que incluye cualquier estímulo externo que cause un cambio en el equilibrio del organismo. De este modo el estrés puede definirse como la respuesta de un sistema autorregulable a una alarma general (Joseph-Bravo y Gortari, 2007).
El estres puede ser provocado ante una situación de peligro, como un asalto, donde nos amenazan con una pistola. Nosotros vemos el arma, y gracias a nuestro aprendizaje previo, hemos asociado el arma con un herramienta que sirve para matar, de no ser así no reaccionaríamos con miedo ante ese objeto, esto es un ejemplo de condicionamiento clásico. De hecho muchas veces podemos sentir miedo y por lo tanto se gatilla la cadena de reacciones corporales que conforman el estado de estrés, sin tener que ser amenazados o ver una pistola, basta con que venga caminando hacia nosotros un sujeto cuya manera de vestirse o rasgos sean los que hemos aprendido que están asociados con delincuentes. Ahí vemos lo adaptativo de nuestra respuesta, pues nuestro organismo se anticipa a los hechos y comienza a prepararse lo antes posible para que así nuestra conducta de escape o lucha tenga más posibilidades de ser efectiva. Podemos de inmediato cruzar a la calle de enfrente, para evitar que se nos acerque el sujeto sospechoso o quizás empezar a preparar una serie de insultos para intimidarlo. Nuestra respuesta también estará dada por como hallamos aprendido anteriormente a reaccionar en este tipo de circunstancias. alguien que jamas ha peleado ( o que cuando lo ha hecho le han dado una paliza), huirá y quien sea bueno peleando o intimidando, guardara sus energía para gritar o dar golpes en vez de correr. La "decision" estará dada por su historia de condicionamiento, pero esta vez operante. ¿Huir ha sido seguido de la evitación del estimulo estresor (el asaltante) o pelear me ha servido para deshacerme de él? O quizás en oportunidades anteriores ha huido pero siempre lo han atrapado, y actualmente no corre, porque no ha sido reforzado positivamente su huida, mejor no consume recursos corriendo, si ha aprendido que igual esta perdido.
Cuando nuestro cuerpo se prepara para pelear o escapar , aumenta la tasa de pulsaciones y la presión sanguinea. Al mismo tiempo los procesos de digestión, crecimiento y reproducción se hacen más lentos. ya que estas funciones no son necesarias para la supervivencia inmediata y pueden ser retardadas sin daño para el organismo. Esta respuesta esta regulada por hormonas, epinefrina y norepinefrina, que son secretas en mili-segundos. La secreción de cortisol sigue segundos después. Estas hormonas actúan sobre el cerebro y por tanto modulan la cognición y en especial influyen sobre el aprendizaje y la memoria. De hecho se ha descubierto que niveles de cortisol extremos o crónicamente elevados conducen a déficit cognitivos y el deterioro de la memoria en animales, incluyendo al ser humano (OCDE, 2007).
Por esta razón, para que podamos pensar en una educación mejor para todos no basta con agrandar los colegios, pintarlos, comprar más computadores y entregar pizarras electrónicas. La desigualdad educativa esta dada más allá de lo que sucede en las aulas. Responde a variables que afectan a los individuos desde que nacen. Estar sometidos desde la infancia a situaciones de estrés, violencia, pobreza y mal nutrición ( Varios estudios señalan la suma importancia de este factor en el aprendizaje y el desarrollo del cerebro, a largo y corto plazo, tan simple como el no comer desayuno disminuye la atención y la capacidad de recordar conceptos). A mí parecer, la educación no será la misma para todos, mientras existan estas diferencias sociales tan extremas, es el cambio social primero, luego el educativo. Primero preocupémonos de que no hallan personas que no tenga que comer en este país, luego a que conozcan a Neruda o apliquen el teorema de pitagoras.
PD: Quizás pensarán que no era necesario darme la vuelta hablando sobre neurofisiología y condicionamiento. Pero creo que nunca esta demás aprender algo más o repasar esas cosas que se olvidan :)
Referencias:
La comprensión del cerebro. El nacimiento de una ciencia del aprendizaje. 2007. OCDE

No hay comentarios:
Publicar un comentario